CIUDADELA HUMANIDAD: LA SOLUCION AL BRONX.

La adicción a las drogas no se trata con fusiles y gases. La expulsión de los habitantes del Bronx no solo es una ruptura con la Constitución sino que empeora el problema.

Por qué Peñalosa suspendió el proyecto Ciudadela Humanidad que ya se estaba ejecutando?

Por Gustavo Petro

Aunque la historia ya la habíamos vivido, (el Cartucho), su repetición es una muestra del carácter absurdamente excluyente de la Sociedad y el Estado en Colombia. Hablo de la historia de la intervención del Bronx.

La operación sobre el Bronx en Bogotá se convirtió en una política de gentrificación a mano armada.

La gentrificación es el proceso que excluye una población pobre o étnicamente diferente de donde habita tradicionalmente, para ser reemplazada por poblaciones más ricas o de otra índole étnica. En la Colombia contemporánea se ha producido un extenso y profundo proceso de gentrificación en los campos con el desplazamiento de millones de campesinos de sus tierras reemplazados por narcotraficantes, testaferros y sus compradores de “buena fe” de muy altos recursos, a partir de la acción armada del paramilitarismo con la ayuda del Estado.

La gentrificación siempre es una práctica antidemocrática y es capaz de generar violencias incontenibles.

Bogotá Humana cambió las políticas de gentrificación que se dieron, incluso en gobiernos del Polo, por políticas de revitalización urbana, que implican que los habitantes tradicionales de una zona pudieran gozar de las renovaciones urbanas que se dan en su zona de residencia y no ser desplazados por ellas, aún con capacidades económicas muy reducidas. Ejemplos de revitalización se dieron en los Olivos, Chapinero; el barrio Belén, Egipto, la Plaza de la Hoja, en el proyecto Fenicia con la Universidad de los Andes, en la transformación del centro comercial cielos abiertos en el centro comercial popular de San Victorino.

El Bronx es un lugar dantesco donde miles de habitantes de la calle se reúnen para vivir. No solo es un sitio de consumo de drogas, especialmente del bazuco, una de las peores de ellas, sino que es el hábitat de un producto de la sociedad mercantil y competitiva: el habitante de calle.

el-bronx-bogota-se-expandira-por-bogota-1El Bronx. Foto del cartelurbano.com

En el 2012, quise reunirme con los habitantes de calle del Bronx. Quería escucharlos, entender sus propias perspectivas. Recién salía de mi operación, y algo pálido y mareado decidí ir a la calle del Bronx, casi sin escolta. Realice un cabildo popular con mas de trescientos de ellos, y los escuche. debo confesar que fue el cabildo de mayor capacidad y altura intelectual de cuantos realicé. los habitantes de calle son personas que estudiaron, fueron a la universidad, tuvieron un acumulado de experiencias que contar. El habitante de calle es el ser, que siendo el más débil de la sociedad, no resistió el embate de esa misma sociedad sumida en la competencia, el egoísmo y la falta de solidaridad. El habitante de calle es un producto genuino de la sociedad mercantil. Es por eso que no es un núcleo estable de la población, todos los días seres humanos cambian su condición y pasan a ser habitantes de calle.

Después del Cabildo procedí a volver realidad sus conclusiones: La primera fue instalar por primera vez en la historia de Colombia una política pública de  drogas diferente a la simplemente policial. Le llamamos los CAMAD, Centros médicos de atención al drogo dependiente. Una ambulancia con personal profesional para atender a habitantes de calle en el Bronx. La experiencia marcó la primera gran separación con el Procurador, pero inició una experiencia sumamente valiosa en el tratamiento desde otras perspectivas de las drogas en Colombia. Al final del gobierno completamos 65.000 consultas con adictos material que es parte esencial hoy, de cualquier investigación científica. El programa CAMAD con 19 centros en toda Bogotá fue suspendido en 2016 por el alcalde Peñalosa.

No teníamos una posición ingenua. Sabíamos que al iniciar el programa de atención social al habitante de calle en procura de su dignificación, entrábamos en confrontación con las mafias que los esclavizan. Los habitantes de calle como otras poblaciones vulneradas son esclavizadas por mafias que los usan como transporte urbano de drogas y como escudos humanos para lugares de consumo y peor aún, para conquista de nuevos mercados incluidos colegios de niños. El éxodo y la absoluta discriminación han hecho aparecer en pleno capitalismo global una nueva realidad: las nuevas esclavitudes. Estas mafias han usado jóvenes excluídos de los barrios, poblaciones desplazadas de la violencia, indígenas y habitantes de calle esclavizándolos y transformándolos en objetos de sus redes de prostitución y narcóticos. Lo peor que podría ocurrirle a estas mafias es que la Bogotá Humana le quitase sus poblaciones esclavizadas.

Por eso, paralelamente a la actividad social, dimos orden para capturar los principales cabecillas de los llamados ganchos del Bronx, y lo logramos. Sabíamos que estos no vivían en el Bronx, los ubicamos en Madrid, España, Quito, y en el norte de Bogotá; sabíamos que tenían infiltrada la policía y logramos una actividad de contrainteligencia que filmó a coroneles y oficiales en vínculos con esas mafias. Pero cometimos un error. Iniciamos una operación policial en el Bronx en búsqueda de mafiosos. En realidad no encontramos ninguno, pero se inició una diaspora mortal.

Cuando intervenimos el Bronx en el 2013, sin pretender desplazar a los habitantes de calle, terminamos desplazándolo, generando una diaspora negativa para sus propios derechos . la intolerancia social con el habitante de calle se salda con su muerte. El número de habitantes de calle asesinados aumentó por decenas y comprendimos que una operación policial sin atención integral y verdadera de tipo social para dignificar la vida del habitante no tenía sentido. Un hermoso cuadro de un beso en la 26 es el resultado más positivo de esa operación.

La operación policial dispersó a los habitantes a otras zonas de la ciudad haciendo subir la percepción de inseguridad ciudadana. En sectores intolerantes de la ciudadanía se incubaron reacciones violentas que asesinaron, algunos de ellos incinerados, más de cincuenta habitantes de la calle por año. La tasa de homicidios de la ciudad no descendió a la meta del plan: 15 por cada cien mil habitantes, por el asesinato de habitantes de la calle.

El gobierno nacional, buscó repetir una y otra vez operaciones policiales en el Bronx, con un único resultado: la ruptura de la confianza ganada entre el habitante de la calle y la administración distrital, la ruptura de un dialogo difícil de reconstruir.

Después de la experiencia CAMAD,  del asesinato de nuestro funcionario más ligado a la población del Bronx: Oscar Javier Molina Trujillo, del intento de quema del CAMAD y el comedor comunitario, por parte de las mafias. Entendimos que lo que más perjudica a estas mafias era precisamente la dignificación del habitante de calle y decidimos en el 2014 pasar a desarrollar un proyecto mucho más complejo e integral de atención al habitante de calle: procedimos a tratar el Bronx desde el punto de vista de la revitalización urbana y la superación de la segregación social, a través del proyecto que se llamó “Ciudadela Humanidad” y que hoy el gobierno distrital desmantela en medio del olvido de la prensa y la sociedad auto denominada “de bien”. No pensamos la acción del Bronx como un proyecto de simple renovación urbana, sin gente, puramente mercantil.

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Revitalización urbana significaba mejorar las edificaciones e instalar nuevas edificaciones en el Bronx sin desalojar el habitante de calle, o mejor aún, hacerlas para el habitante de calle. Veíamos como un fracaso que el habitante de calle abandonara la zona del Bronx.

Para mantener al habitante de calle ligado a instalaciones de propiedad pública se necesitaba antes que nada mucha confianza entre esta población por años excluida y el Estado; se necesitaba de un protocolo de servicios al habitante de calle que lo dignificara, respetara sus derechos y su libertad, se necesitaba de una nueva política de mitigación de daño de las drogas, las más peligrosas: el bazuco.

Y con audacia y riesgo, Bogotá Humana se dio a la tarea. Después del primer CAMAD, Centro de atención médica a drogo dependientes, en el Bronx, se llevó personal de salud profesionalizado de manera permanente, se llevó baños públicos y comedores comunitarios, se llevó jardines infantiles con la intención de no separar a los niños de sus madres.

La mafia trajo centenares de nuevos habitantes de calle de otras zonas del país a Bogotá para volcar a la opinión pública contra el programa, y profundizó sus lazos con funcionarios de la policía corruptos para mantener su control en el Bronx.

Empezamos a competir por el territorio: Bogotá Humana y la Mafia.

Entendimos que lo que menos quieren las bandas mafiosas es la dignificación y la inclusión social del habitante de calle, y de la juventud popular y lo que más quiere es su exclusión social, la vindicta del Estado, para poder esclavizarlos y ponerlos al servicio de sus intereses de mercado.

Lo que más beneficia a la mafia del narcotráfico es que el Estado golpee al habitante de calle y al joven del barrio popular. El aislamiento violento entre el Estado y los habitantes de calle y la juventud excluida, le entrega , en condiciones de esclavitud, un ejército de diverso tipo a las mafias urbanas.

La confianza entre habitantes de la calle y administración de la Bogotá Humana había crecido, Los CAMAD arrojaban las primeras investigaciones sociales sobre la adicción de sustancias ilegales. Más de 60.000 consultas se realizaron en toda la ciudad. La renovación urbana comenzó con la apertura de cuatro centros adicionales de acogida adicionales a los cinco existentes, instalamos Bakata, centro que contó con nuevas tecnologías que permitían rapidez y confort con capacidad para atender al día a 900 habitantes de calle que libremente quisieran disfrutar de sus servicios. Así ampliamos la capacidad de atención a 3.300 habitantes de calle por día. Abrimos la Academia, como espacio de saber y artes y se graduaron centenares de habitantes de calle en actividades diversas, abrimos la bodega de reciclaje pública bajo el programa Basura Cero y 635 habitantes de calle recicladores obtuvieron cédula de ciudadanía y comenzaron a recibir ingresos. Se planteó triplicar  en 2015 de nuevo nuestra capacidad de atención, hogares de paso y comedores en lo que sería la “Ciudadela Humanidad” ubicada en la misma L del Bronx, que sería derruida para levantar rápidamente las nuevas instalaciones. Pretendíamos pasar a una capacidad de 9.000 habitantes de calle por día, casi cobertura total.

Expedimos el decreto que declaraba de utilidad pública la zona del Bronx para iniciar expropiaciones y solicitamos al gobierno nacional las edificaciones en manos de “estupefacientes” para iniciar las instalaciones de alojamiento.

la Ciudad Humanidad cubriría las dos cuadras del Bronx, con edificios de rápida instalación y alta tecnología, como las puestas en Bakatá, pero y de ahí su posible éxito, debería contar no solo con alojamientos, centros médicos , de recreación, de preparación en artes y profesiones, sino con centros de consumo regulados de drogas menos dañinas y bajo supervisión médica.

 Paradójicamente los capos capturados en el gobierno de la Bogotá Humana ahora vienen siendo liberados, mientras la acción policial se dirige de nuevo contra los habitantes de calle.

Le dimos ayuda a las investigaciones de la fiscalía para detectar los nexos entre los capos y funcionarios de la policía que protegían lo peor en el Bronx. Los capos encarcelados trataron de manejar su mercado desde la cárcel y luego fueron reemplazados por nuevas bandas ligadas al paramilitarismo en el Llano.

Y discutimos con la sociedad bogotana y con el gobierno nacional la necesidad de implementar el programa Bazuco Cero, a partir de políticas de mitigar el daño, que incluían centros regulados de consumo de drogas con asistencia médica, para reemplazar el bazuco.

El Bazuco es una droga fatal. la sustancia es una antesala de la producción de cocaína y es muchísimo más tóxica y adictiva. La cocaína va para los sectores sociales con capacidad de compra, el bazuco para los habitantes de calle. La adicción al bazuco produce una ansiedad permanente que lleva al adicto al robo y la violencia. Es la adicción al bazuco la que entrega el habitante de la calle como esclavo, a los sayayines, los cuadros organizadores del control territorial de la mafia, es esa adicción lo que los convierte en instrumentos del mercado ilegal para su expansión.

No hay competencia entre la oferta social del Distrito y la adicción al bazuco que suministran las estructuras mafiosas en el Bronx, casi siempre gana el bazuco; el habitante de calle está atado a la adicción y puede desechar por completo la oferta estatal. Tal era la competencia que se había establecido.

La adicción al bazuco le permite a la mafia mover al habitante de calle donde quiera de acuerdo a su interés mercantil. El Bronx como espacio geográfico es lo de menos para las mafias. No vale nada para ellos. Los secuestros, las desapariciones, la prostitución infantil, la tortura, la esclavitud, sigue siendo practicada por las mafias, con Bronx o sin Bronx. Su existencia depende, no del lugar geográfico, sino de su capacidad para hacer depender miles de personas a partir de la adicción al bazuco, que entregan gratis o a cambio de favores.

El comienzo de la resolución del problema de la esclavitud del habitante de calle está en romper el vinculo que lo liga de manera subordinada a la mafia. Ese vinculo es el bazuco, y se supera a partir de ingresos monetarios y disminución de su consumo al sustituirlo. y dejar que el éxodo se desarrollo en medio de la esclavitud. Es una política de doble moral, ineficaz y estúpida

Es completamente lamentable que con ayuda de la prensa hoy se piense que la solución a la problemática social que tenía el Bronx como escenario, sea simplemente destruir unos muros y reemplazarlos por centros comerciales

Creo, de acuerdo a las consultas en el Camad y a las experiencias contadas por los mismos habitantes de calle que los centros regulados de consumo podrían girar la balanza a favor del Estado y liberar al habitante de calle de las mafias a partir de liberarlo del consumo más dañino: el bazuco; incluso reemplazándolo por drogas menos peligrosas: la marihuana.

El plan fue debatido públicamente, dialogado con el gobierno nacional con el cual acordamos empezar un centro piloto, previo un decreto nacional que nunca salió, nos quedamos esperando el apoyo nacional en el 2015. Nunca llegó. El Procurador amenazaba la política y Santos no se atrevió.

Lo que llegó fue de nuevo el fusil, el golpe, la violencia y la gentrificación urbana. De un solo puñetazo de violencia oficial, la confianza construida entre el habitante de calle y el Estado fue destruída.

La prensa realizó los reportajes para legitimar la acción violenta, para conseguir el apoyo del público a la exclusión de los habitantes de calle. Pasaron escenas dantescas, muchas ciertas, otras no. Pero poco a poco ha salido a flote la verdad.

La operación del Bronx, por más fotos que muestren de habitantes de calle recién bañados y peluqueados, no era para incluir socialmente a los habitantes de calle, como ordena la corte constitucional; era para desplazarlos forzadamente de sus “cambuches” tradicionales hacia la nada, hacia el éxodo, hacia el confinamiento, el exilio obligado, con el peligro del asesinato en operaciones de limpieza, dispersos por el territorio, hacia los nuevos falsos positivos. Pero igual, como antes, esclavos errantes de las mafias, por su adicción al bazuco.

Doble moral de la prensa y de la sociedad que respira tranquila pensando y creyendo que el Bronx son dos cuadras geográficas urbanas y no un drama social que se auto reproduce. Respira tranquila la sociedad al ver por televisión como desaparecen los edificios grises, fúnebres del Bronx. pero por muchos centros comerciales o parques que se le sobrepongan y eso ya no lo mostrará la televisión, los esclavos errantes de la mafia seguirán con su trágico peregrinar, los niños de ellos y de los otros, seguirán en la esclavitud sexual y la ignorancia y las mafias acumularán más dinero. La sociedad en sus visiones de competitividad llevadas al extremo produce todos los días adictos y habitantes de calle. El Estado doblegado ante los grandes negocios financieros e inmobiliarios que es lo mismo, produce todos los días adictos y habitantes de calle. Las mafias los reciben con agrado y los esclavizan.

El Bronx no son dos cuadras para renovar edificios para comerciantes, algunos de los cuales, en San Victorino, son lavadores de dólares “de bien”; de esos que están en “Panamá Papers”. El Bronx es una lógica social de escape, de margen, que se auto reproduce en cualquier lugar, lo que Deleuze llamó, una linea de fuga de los más débiles en la ciudad, de los “perdedores” del juego mercantil en que se ha transformado la vida, linea de fuga que casi de inmediato se convierte en la estructura de dominación más vil: la esclavitud

Bogotá Humana solo fue por los edificios para volverlos centros de atención pública para el habitante de calle, no fue por ellos para hacer especulación inmobiliaria. Nos interesó adentrarnos en la problemática social y arriesgarnos a resolverla.

Hoy fuera de la alcaldía ya, consideró que “Ciudadela Humanidad” debe ser revivida por la Corte Constitucional, y que los centros regulados de consumo de droga, en forma piloto, deben ser implementados como una vía más eficaz de disminución del daño a la persona misma y a la sociedad que lo rodea. El centro regulado de consumo de drogas puede liberar al habitante de calle y al ciudadano adicto a su esclavitud bajo las mafias violentas, no solo en Bogotá, sino en las grandes ciudades de Colombia que no saben como gestionar una política pública hacia el habitante de calle.

Autor: gustavopetroblog

Dirigente político progresista de Colombia

1 comentario en “CIUDADELA HUMANIDAD: LA SOLUCION AL BRONX.”

  1. Gustavo, está claro que a esas personas que están en el poder, no les interesa ni ayudar ni intervenir con un verdadero sentido humano para mejorar las condiciones de vida de esas personas. Lo único que les interesa es engrosar sus billeteras a toda costa, atreviéndose incluso a robar de frente a la ciudad.

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