¿Nos Robarán la Paz?

El 2 de Octubre no es una derrota sólo de Santos, quizás su mayor derrota; es una derrota de Colombia.

Hacer la Paz no es un camino equivocado para Colombia ni es un camino fácil, al contrario, a pesar de su dificultad,  es su necesidad más fundamental. La necesidad de cualquier sociedad es convivir en paz y en libertad. El engaño que los dirigentes del No propusieron a sectores afectados por el miedo, por manipulación religiosa o política será siempre transitorio.

Pero el camino abierto para salvar los acuerdos de la Habana y algo que sonaba demagógico en la voz de Santos, una Paz Estable y Duradera, que implica mucho más que los acuerdos de la Habana, es la Constituyente.

Una cosa es un pueblo refrendador de acuerdos entre Santos y las Farc, acuerdos que fuera del título sobre desarrollo rural versan sobre la metodología técnica militar y jurídica para desmovilizar un ejército en armas, y otra cosa es un pueblo Constituyente reformando y decidiendo sobre sus propios problemas. Problemas de la sociedad que son el núcleo central de la convivencia y por tanto de una paz estable y duradera.

Las reformas que necesita nuestra sociedad colombiana contemporánea versan sobre un modelo de salud hoy mercantilizado e ineficaz, sobre un fortalecimiento de la educación superior pública que permita el acceso de una juventud numerosa y excluida que es en sí misma la fuerza manipulada de la violencia en campos y ciudades, pero también la posibilidad de una fuerza del saber consciente y esencial para la nueva economía del siglo XXI, que versan sobre una justicia que solo ha podido serla para los poderosos pero no para el ciudadano del común y versan sobre el territorio donde fuerzas extrañas, mafiosas unas, legales otras, han depredado suelos y recursos sin que las ciudadanías habitantes de ellos puedan decidir. El territorio ha sido el espacio de la violencia, del genocidio, de la depredación, pero puede ser el espacio del sostenimiento de la vida si se deja a sus habitantes simplemente decidir. El territorio es el espacio de la adaptación y la mitigación del cambio climático producido por la codicia del mercado y que es hoy la principal tarea de la humanidad.

Cómo podemos hablar de convivencia social sin plantear quien tiene el poder en el territorio y como son los planes para salvar la vida ante el cambio pavoroso del clima?

Santos es capaz de adoptar un programa de reformas constitucionales de esta magnitud que es básico para hablar con sinceridad de una Paz estable y duradera? O va simplemente a jugar con los nuevos equilibrios que le propone Uribe, para bajarse por las orejas de su responsabilidad histórica y configurar un nuevo frente nacional ausente por completo de reformas sociales y de Democracia? Un Frente que ya no podría llamarse nacional sino el frente del ESMAD, el de la represión generalizada de la sociedad como ya sucede en muchas regiones incluida Bogotá?

El problema no es como los del NO apoyan la Paz, ellos no la apoyan; el problema es como los apáticos y abstencionistas apoyan la Paz.

La línea que vincula la abstención a la Paz es la Paz Grande, la de las reformas sociales en salud, educación, justicia y el camino para producir estas reformas no es el de un Congreso cuyas fuentes de elección provienen precisamente de los intereses creados que no permiten las reformas sino de otorgarle al pueblo sus funciones Constituyentes

El gran fracaso del Sí en las elecciones, está en un Santos que concibió la Paz como una paz chiquita, barata, ajena a las reivindicaciones de la sociedad. Pensó como todo hombre del establecimiento que la Paz es una rendición y que las reformas sociales solo son populismo. Que la guerrilla no representa las reformas sociales, cosa que puede ser cierta, pero que tampoco es la sociedad, las regiones y sus movimientos sociales su interlocutor. De ese esquema reducido de la Paz surgió la idea de hacer un plebiscito refrendario que desde el inicio estaba derrotado. De esa idea chiquita de la Paz nació la idea en el partido Liberal de pensar que podía utilizar el proceso como la construcción de su propia candidatura presidencial.  Y de esa idea chiquita de la Paz salió la idea de  Santos, dados ya los resultados, de creerse  el cuento que los votos surgieron de Cambio radical y no de la sociedad que reclama la Paz. La Paz chiquita llevo la estrategia del gobierno al tamaño de las ambiciones personales de sus integrantes en plena pugna.

Al contrario de lo que piensa Santos, la Paz implica una destitución de lo que nos lleva a la violencia y una constitución de nuevas reformas que nos lleven a la convivencia.  Toda Constitución tiene la potencia de ser un Tratado de Paz. Acordar es constituir. Pero el acuerdo es con el conjunto de la sociedad que solo se puede establecer a partir del gran pacto constitucional.

El acuerdo de toda la diversidad colombiana, de la que Uribe es una parte pequeña, el Dialogo Nacional, que no cabe en una mesa de tres patas: la diversidad colombiana no cabe en esa mesa; debe tener poder vinculante, capacidad de reforma real y en los temas que importan y eso no se garantiza más que a partir de una constituyente si estamos de acuerdo que el camino de Colombia es el de una Democracia plural.

Los que de las campañas del “sí “temen una Constituyente porque piensan que Uribe ganaría, se parecen a los del No que temen que Timochenko sería presidente. Expresan solo los miedos de convocar al pueblo a que decida. Los temores que se han convertido en el instrumento de la manipulación y del engaño y que están paralizando por completo la iniciativa social. La Paz implica un pueblo soberano. Estas palabras no son solo para las canciones o los himnos, es la misma realidad histórica de la convivencia de los pueblos.

Santos va camino a construir un nuevo Frente Nacional del establecimiento: Santos, Vargas Lleras y Uribe, de tal frente solo surgirá una propuesta de rendición para las Farc y una reacción indeterminada de ellos. Cualquiera que sea su respuesta, la renuncia a una Paz grande solo abrirá el camino de las nuevas violencias.

Atraer al gobierno hacia una postura coherente con la Paz, romper toda opción de frente nacional del establecimiento y llevar las cosas hacia una democratización real de Colombia pasa por el que no ha sido convidado a las cumbres: la sociedad y su movilización.

Una movilización que no es para el unanimismo: el acuerdo Santos y Uribe, sino para lograr el papel protagónico de la sociedad en la construcción de la Paz .

Una multitud por una Constituyente que hable del pan, la educación, la salud, del territorio de lo(a)s colombiano(a)s: La Paz Grande. Desde el progresismo nosotros solicitamos a todos los movimientos sociales y políticos democráticos de Colombia avanzar sobre una gran movilización social, ciudadana y permanente por la Paz de la Nación.

Autor: gustavopetroblog

Dirigente político progresista de Colombia

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