!Ay Bogotá!

Por Gustavo Petro

Ha sido presentado el presupuesto de Bogotá para el año 2017, y la prensa tradicional, en su afán de legitimar como sea al actual gobierno, ha cubierto con un manto de satisfacción las cifras presentadas.

Que es el mayor presupuesto de la historia, dicen; lo cual oculta en realidad el dramático recorte premeditado de los gastos en educación, salud, inclusión social y cultura hechos en el 2016, que como recursos de Capital, pasan ahora al 2017,

Que las principales inversiones serán en educación, salud, inclusión social y movilidad bajo la figura del esperado metro, y así pasan simplemente a retransmitir el comunicado de prensa de la secretaria de hacienda, sin ningún tipo de análisis que pudiera mover la pereza de los actuales comunicadores de analizar con algo de profundidad la situación de la capital del país, los mismos que en el gobierno pasado retransmitían cualquier cosa que sonara a crítica así fuese engañosa.

Una simple comparación con el presupuesto presentado en 2015 podría descubrir los senderos de hacia dónde va Bogotá.

Veamos unas cifras sencillas:

El presupuesto del 2015 fue de 17,3 billones comparado con el que se acaba de presentar por 18,7 billones. A pesar de este incremento nominal no descubren, indexando con las tasas de inflación esperada del Banco de la República, que el presupuesto del 2017 es menor: solo conservando el valor del peso del 2015, el presupuesto para ser igual al de ese año debería ser de 19,3 billones de pesos.  Lo cual refleja que se debilita, a pesar del ahorro en gasto social del 2016, las bases tributarias de la ciudad, reflejo de una economía en plena desaceleración. Pero, además, la distribución del presupuesto, marca ya la diferencia entre dos visiones de ciudad distintas:

En educación en el 2015 se presupuestaron 3,5 billones de pesos que equivalen a 3,9 billones en el 2017 dado el índice de inflación esperada; para el 2017 Peñalosa presupuesta 3,3 billones. Una caída en términos reales de aproximadamente el ¡15,3%!

En salud en el 2015 se presupuestaron 2,2 billones de pesos, que equivalen para el 2017 a 2,45 billones. Peñalosa presupuesta para el 2017: 2,2 billones con una caída en términos reales de 10,2%

En Inclusión social y primera infancia se presupuestaron en el 2015 1,3 billones que equivalen para el 2017 a 1,45 billones; Peñalosa presupuesta para el 2017, con todo y abrazo para la televisión de niños, niñas y habitantes de calle, una partida de 1,1 billones de pesos, con una caída real de ¡24,14 %! Razón tenía Santos en decir que el amor se expresa en el presupuesto.

Lo cual significa que sin sumar el efecto social que resulta del ahorro de gastos sociales del 2016, con destino a obras viales de Transmilenio en el 2017; el solo presupuesto del 2017 tendrá ya un serio impacto hacia la mitad del gobierno de Peñalosa, respecto a las prioridades de la Bogotá Humana presupuestadas en el 2015:

Es imposible financieramente incrementar la jornada única de los niveles que la dejamos en el 2015, 253.000 estudiantes; la meta de la ciudad era en tres gobiernos aumentarla a la totalidad de los 850.000 estudiantes de la educación pública. Peñalosa decidió no subir el estándar de la educación pública y más bien privatizarla.

Por eso los 30 colegios de que habla parecen ser la continuación de las obras en ejecución de colegios que dejó la Bogotá Humana, después de entregar terminadas 26 sedes nuevas. Solo que estas sedes en lugar de fortalecer la infraestructura de los colegios públicos existentes, va a convertirse jurídicamente, en colegios nuevos, para poder así, ser concesionados a entidades privadas.

Se reduce el presupuesto ligado desde la cultura: a la educación Orquesta Filarmónica, Idartes e IDRD, y que era fundamental para extender la jornada única. Este programa había logrado expandir no solo la educación artística en la primera infancia y la juventud, sino que se había constituido en propulsor de la producción de cultura y deporte de la Ciudad.

Se acaba definitivamente el programa territorios saludables, expresión de un nuevo modelo de salud preventiva y familiar centrado en los equipos médicos que de manera permanente visitaban los hogares del estrato uno y dos de la ciudad. El debilitamiento de este programa en el 2016 trajo como consecuencia el colapso de las urgencias en los hospitales y el crecimiento de tasas de morbilidad en la población. ¡Los niños que murieron por enfermedades agudas respiratorias en el 2016 fueron el doble de los que murieron en 2015!

Se desmantela el progreso hecho por Bogotá en atención a la primera infancia, por el debilitamiento del cuidado de niño(a)s de uno a tres años que hacía Integración Social en el ámbito de los hogares, como también en el ámbito institucional. No parecen estar financiados los gastos en arriendo de más de cien jardines infantiles en los barrios populares y contrario a los estándares internacionales, se agregan más niños por profesora, dañando los criterios de calidad y afecto en la atención de nuestra niñez.

Ni que hablar de los habitantes de calle. La partida destinada por Bogotá Humana por 30.000 millones para construir la ciudadela Humanidad en el Bronx, se evapora en unas cuantas losas de concreto de la próxima troncal del Transmilenio

Se anula la posibilidad de hacer crecer el número de personas de la tercera edad con bonos pensionales y más aún de aumentar sus montos mensuales.

¿Para qué ese sacrificio social?

En el presupuesto del 2017 los periodistas transcriben, creo que, alborozados falsamente, que crece por fin la partida del metro de Bogotá con 1 billón de pesos largo. Solo que no quisieron leer bien: esa partida del metro se llama, fase uno, y no leyeron del comunicado oficial que la fase uno, consta exclusivamente de troncales de buses de Transmilenio, llamadas ahora alimentadoras, y que ya estaban diseñadas y financiadas en la Bogotá Humana.

Una manera muy interesante en transformar presupuestalmente un metro subterráneo, férreo y eléctrico de gran capacidad, en los débiles buses contaminantes, mayoritariamente de marca Volvo, y sus operadores privados tan cercanos a los últimos 17 años de la vida del actual alcalde.

En diciembre del 2017, Bogotá no tendrá ninguna licitación ni de metro subterráneo, dos años de suspensión  cumple ya la licitación; cuando goza de estudios terminados, ni de metro de segundo piso, que ni siquiera tiene estudios de ingeniería.

Eso sí, si se vende la EEB y la ETB el año entrante, la ciudad gozará de unas lindas autopistas congestionadas cruzando los potreros en pos de urbanización densa de lo que iba a ser la Reserva Thomas Van Der Hammen para el uso de la vida y de nuestra niñez, aproximadamente por allá en el año 2022.

Así, los fundamentos que llevaron a la ciudad de Bogotá a ser calificada como la 26 mejor ciudad para vivir en el mundo y la tercera en Latinoamérica por la “Price Waterhouse en su estudio mundial: Inclusión social, fibra óptica, mejoramiento de la educación y la salud, cuidado de la primera infancia, inclusión social, disminución de la desigualdad social y la pobreza, reequilibrio con la naturaleza, mejoramiento del aire y del agua, se destruyen ente los ojos impávidos de lo(a)s bogotano(a)s y la complicidad de la prensa.

Es la hora de los negocios. La vida la niñez, la vejez y el saber no importan. De nuevo la orgía del concreto aplasta la humanización de la ciudad.

Autor: gustavopetroblog

Dirigente político progresista de Colombia

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