UNA POLÍTICA ECONÓMICA PARA LA COLOMBIA HUMANA

Asistí al congreso de la banca, y luego al d empresarios industriales, ambos efectuados en la ciudad de Cartagena, con la intención de exponer mis tesis que de manera anticipada ya sabía que no eran de buen recibo sobre todo entre el mundo financiero de Colombia, como que propongo sacar los recursos del ahorro obligatorio para pensiones y salud del control de los dueños privados de la banca.

Quería en cierta forma al mirar directamente a los ojos de las personas con las que me encontraba, escudriñar su mirada, muchísimas veces, debo decirlo, llenas de odio y desdén. Pero sobretodo, sabedor que en el mundo de la industria existe una inmensa cantidad de prejuicios, quise exponer mis tesis con franqueza para evitar cualquier malentendido. En el congreso de la ANDI sentí que el volumen de los aplausos a los diferentes precandidatos dependía del volumen del discurso de la guerra interna y de la probable, externa. Era fácil sacar un buen aplauso si solo se hablaba de la guerra y la mano dura. Pero, debo decirlo con franqueza, en el mundo de la industria ya no hay unanimidad.

A tal punto ha llegado la polarización política en Colombia, en mi opinión inocua, en tanto no se construye alrededor de propuestas de política pública, sino alrededor del simple odio, el odio a las Farc, o del creciente odio a quienes gobiernan Venezuela, que los mismos industriales desconocen que una guerra convencional, como lo demuestra la historia mundial, destruye los fundamentos mismos de la riqueza. El miedo aniquila la razón.

Tuve que decir que si los industriales quieren una guerra tendrían que cambiarse el vestido de empresario por el uniforme. Solo la economía de la guerra se desarrolla en una guerra. La producción es un asunto de la Paz.

Y porque la producción es un asunto de la Paz decidí explicar mi propuesta para la industrialización de Colombia al pequeño grupo de industriales del país. Y ahora quiero extenderla a ustedes.

Colombia tiene una economía hoy semejante a la venezolana. El miedo a convertir a Colombia en una Venezuela es infundado, ya eso se produjo. A partir del código minero de Pastrana, al que me opuse en el Congreso anunciando el camino equivocado que asumía la casta política tradicional, camino que profundizaron por igual, los dos gobiernos de Uribe y los dos de Santos y Vargas Lleras, el modelo económico colombiano se centró en la casi mono exportación de petróleo y carbón.

Nosotros proponemos transitar hacia un modelo que convierta a Colombia en potencia agraria y ambiental y permita el desarrollo integral de la industria. Es decir proponemos todo lo contrario a lo que ha sido tanto en la Venezuela de hoy como en la Colombia de hoy.

El mayor enemigo de la industrialización está en el latifundio improductivo, en la degradación de la estabilidad laboral y el salario, en la renuncia a la educación de la sociedad y en las rentas de exportación del petróleo y el carbón. Latifundios y extracción de recursos que el azar geológico nos dejó solo genera rentas, no ganancias productivas, porque los minerales, carbón y petróleo, y la tierra no son un proceso productivo, simplemente, están ahí.

Si las rentas provienen del exterior por el aumento del precio internacional del petróleo, y por la prohibición mundial al consumo de cocaína, se produce lo que se llama la enfermedad holandesa.

Todas las ramas productivas no ligadas al petróleo, el carbón o la cocaína, desaparecen paulatinamente. La revaluación del peso, por el alto flujo de dólares, abarata las importaciones y se muere nuestra actividad interna agraria e industrial.

Las rentas fósiles y las de la cocaína se mueven en el mundo financiero, por eso las utilidades financieras crecen exorbitantemente en Colombia mientras no crece la economía real; las rentas de la cocaína, al narcotráfico haber comprado o desalojado la tierra, se traducen en la renta de la tierra es decir en el valor del suelo, rural y urbano.

La renta es una transferencia de riqueza y no una producción de riqueza. Por eso cuando parte de la riqueza del país y del mundo se traslada a los propietarios de la tierra, se llama rentas del suelo, a los propietarios de bancos y fondos, se llaman rentas financieras, a los propietarios de las rutas de exportación ilegal de cocaína, se llaman rentas cocaineras, o a los propietarios del petróleo y el carbón, se llaman rentas a multinacionales y regalías al Estado; Las rentas, olvidó nuestra clase política corrupta, matan la producción.

Vivir de la renta es fácil y vivir de la producción es difícil. Las rentas crecen con la guerra, la producción crece con la Paz.

El problema es que las rentas no son sostenibles sin producción y llevan regiones enteras del planeta a la barbarie.

Por tanto, una de las tareas del desarrollo de una economía productiva, fuerte e incluyente y de la industrialización que es imperiosa, es la reducción de las rentas y el incremento por tanto de la inversión productiva.

Volver productivo el agro colombiano con sus 15 millones de hectáreas que ya son fértiles, de las cuales solo se usan seis, implica una nueva gestión del agua desde la perspectiva del cambio climático, implica reconstruir las instituciones del saber agrario, el crédito de la banca pública que debe coger sus ingresos de las grandes ciudades y el ahorro externo, y ojo, la democratización de la tierra.

El uribismo y el Vargas Llerismo juntos, hoy bajo la falsa etiqueta de la seguridad jurídica, que, eso si no es válida para los trabajadores a los que reducen salarios y estabilidad, ni para los campesinos y campesinas a los que expropiaron por millones de hectáreas y de manera violenta sus tierras, lo que pretende es legitimar el despojo y mantener el latifundio improductivo en manos de narcos o de un gran empresariado sin mirar siquiera que ya Colombia tiene la máxima inequidad y desigualdad en el campo, que su campo no es más que un feudalismo tardío ensangrentado.

No lo dicen los economistas neoliberales en los que cree un reducido empresariado, pero los economistas clásicos siempre dijeron que la industrialización implica un cambio fundamental en el campo y la reducción de la renta de la tierra.

La experiencia mundial de la industrialización muestra que sea en EEUU, o en Rusia, sea en Europa o en China, sea en Japón o Corea, la industrialización siempre ha comenzado por una amplia reforma agraria y la modernización del campo.

Desarrollar un campo productivo y democrático, que convierte al campesino en granjero y ciudadano es una de las tareas urgentes que emprenderemos. El campo productivo nos lleva a la agroindustria, es decir, a aumentar el valor agregado de los bienes primarios de la agricultura, todo municipio colombiano si el campo fuese productivo podría ser agroindustrial. Lo que proponemos es impulsar esa industrialización básica en los municipios con el cooperativismo industrial. Centenares de miles de puestos de trabajo, aparecen precisamente allí donde los jóvenes no tienen nada que hacer, y no serían empleados sino emprendedores. Municipios rodeados de agricultura nos permiten municipios vivos.

Lo que queremos es volver a millones de colombianos empresarios y fundamentalmente a mujeres y jóvenes como prioridad. Y no como pretende el discurso falso de la clase política esperar grandes empresarios de Colombia o del extranjero que nunca llegarán.

La casta política ha ignorado hacer la reforma en el agro que posibilita la expansión de la industria, prefieren vivir de las rentas petroleras y cocaleras y condenan a la sociedad a una economía raquítica sin puestos de trabajo y oportunidades.

Ahora bien, no solo se trata de expandir la agroindustria. Si se quiere una industrialización sostenible en el tiempo, es imprescindible desarrollar el sector productor de bienes de capital, producir máquinas, y producir máquinas para hacer máquinas, que es profundamente intensivo en conocimiento y ciencia y, sin el cual no hay jalonamiento sostenible de la economía.

Desarrollar un sector productor de bienes de capital implica desarrollar el mercado latinoamericano y la expansión de la universidad pública en Colombia. La universidad permite el saber para la producción de máquinas y la Ciencia para la producción, y el mercado latinoamericano es esencial para asegurar sus economías de escala.

La industrialización integral es el desarrollo de los tres sectores de la industria, la de bienes de consumo no durables y durables, la de bienes intermedios, químicos y otros y el de bienes de capital, sin este último todo lo demás falla.

Contrario a la política económica tradicional de la casta política, la industrialización implica un amplio mercado interno, es decir, buenos salarios, ingresos reales para cooperativistas e ingresos al campesino gracias al incremento de su producción. Es sobre la base del mercado interno que pueden crecer sectores industriales como los de bienes duraderos y no duraderos.

Toda la política económica colombiana construida para segregar al campesino y literalmente aniquilarlo, para disminuir salarios reales, tercerizando o quitando el recargo por jornadas nocturnas, o quitando estabilidad laboral, convirtiendo a mujeres trabajadoras en víctimas del acoso sexual de sus jefes y en general condenando a profesionales y trabajadores al infierno de los contratos a tres meses, reduce el mercado interno y no permite la industrialización.

La clase política colombiana ha generado una economía depredadora que se aniquila a sí misma. Lo que tenemos es una economía raquítica que no incluye a más de la mitad de los colombianos

Una economía fuerte debe contemplar el desarrollo de la industria pesada, la de los bienes de capital que implica un mercado más amplio que el mercado interno, y ese es el mercado latinoamericano. La industrialización de Colombia no es posible sin integración latinoamericana, la paz en nuestra región es fundamental. Los industriales que aplauden la violencia no solo en Colombia sino después de nuestras fronteras, están afectando de manera ignorante, sus propios intereses.

La industrialización y el empoderamiento productivo del campo requieren una infraestructura específica que el Estado debe asumir: Esta es la priorización de la infraestructura pública a la que nos comprometemos:

  1. La infraestructura del agua, que tiene que ver con los acueductos y tratamientos para el consumo de agua potable permanente y de alta calidad en todo el país, y la que tiene que ver con el embalse del agua lluvia en inviernos para ser usada para la agricultura en sequías
  2. La red ferroviaria nacional, que implica metro y tranvías en las áreas urbanas. Las líneas nacionales a desarrollar son. Neiva-Barranquilla; Cali-Montería; Villavicencio-Frontera en Arauca; y las transversales Bogotá-Buenaventura, Bogotá-Villavicencio, Medellín-Rio cauca, Medellín-Rio Magdalena, y la gran transversal Riosucio-Riohacha que pasaría por Urabá, Monteria, Sincelejo, Cartagena, Barranquilla, Sta. Marta y Riohacha.
  3. La generación de energías limpias basadas en el agua y el sol. Cada municipio será generador de energía solar. Ecopetrol se reconvertirá a ser la mayor generadora de energía solar de América Latina
  4. La extensión de sedes universitarias par la vinculación de 500.000 estudiantes año adicionales, para sumar dos millones y medio más en cinco años.

¿Cómo se financia la industrialización?  La financiación de un proceso de industrialización debe provenir del ahorro interno y del externo, el ahorro interno hoy es forzoso, está en los fondos privados de pensiones bajo control de los propietarios de los bancos, y en el sistema de salud, bajo control de las EPS, por esa razón se necesita una reforma al sistema de pensiones y de salud y el establecimiento de una fuerte banca pública que parta del Banco Agrario pero que desarrolle su captación de ahorro en las grandes ciudades y en operaciones en el exterior, ese ahorro hay que conducirlo a la  inversión en el agro y la industria, al cooperativismo industrial, al campesino y campesina convertidos así en granjeros. El banco agrario e industrial será de última tecnología, y tendrá juntas regionales de administración con participación de campesinos y cooperativas agroindustriales.

Ahora bien, es indudable que el Estado además de hacer un esfuerzo en infraestructura que solo es posible financiar con lo poco que queda de la renta petrolera y con endeudamiento, debe hacer un esfuerzo en aumentar los gastos recurrentes en el presupuesto para la industria, el agro y sobretodo, la educación pública. Solo que ingrese medio millón de estudiantes adicionales a la universidad pública cada año, vale 15 billones de pesos al año, adicionales al presupuesto actual de la educación, que es tan solo de 30, lo cual implica una reforma tributaria que quiero presentar y que giraría alrededor de la simplificación tributaria y los impuestos sobre las rentas improductivas.

La escala más alta del impuesto predial a la tierra improductiva, el incremento de impuestos a las rentas financieras, el impuesto carbono a las importaciones, es decir una especie de arancel por el grado de emisiones de CO2 que las mercancías tengan en su proceso de producción o en su utilización, de esta manera habría una protección importante en la agricultura colombiana, y finalmente el fin de todas las exenciones que lleva a la elusión tributaria.

El impuesto a la tierra improductiva permite precisamente que se vuelva productiva en coherencia con nuestra propuesta; el impuesto carbono a importaciones nos permite la protección de la agricultura e industria a una competencia externa que se ha construido sobre productividad sin internalizar los costos ambientales en los que hace incurrir al planeta, así podríamos enfrentar la exclusión de la canasta básica familiar en toda su cadena de producción del IVA para aumentar el consumo y por ende el mercado interno.

La actual economía colombiana excluye a la mitad de la población, entre el desempleo abierto y la informalidad de baja productividad y los bajísimos ingresos.

La casta política temerosa no quiso hacer las reformas que implica la industrialización desde los tiempos en que Alfonso López Pumarejo la prometió en la Revolución en Marcha, la consecuencia es el atraso, la pobreza y la enorme desigualdad del país. Nos comprometemos a hacer las reformas que el liberalismo histórico incumplió.

En resumen, sostengo que impulsar un serio proceso de industrialización implica reformar el agro, incentivar el cooperativismo y la asociatividad, fortalecer la banca pública, disminuir las rentas, hacer una reforma tributaria pro producción, hacer saltar sustancialmente el presupuesto de la educación pública, reformar el sistema pensional, y fortalecer el mercado interno y latinoamericano. Espero el debate.

Autor: gustavopetroblog

Dirigente político progresista de Colombia

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